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50 años formando bailarines, un legado que continúa

“Amalia sabía que no podía mantener vivas las danzas originales de cada pueblo de México. Por ello decidió documentarlas en película. La Escuela y el Ballet Folklórico las mantendrán vivas para el pueblo de México y el mundo”. Propósito que, hasta nuestros días se ha sostenido dando paso a generaciones de alumnos instruidos en sus aulas.

El programa educativo de Amalia Hernández se gesta desde sus inicios en la danza mientras asistía a la Escuela de Danza de la Secretaría de Educación Pública.

Su paso por ella y posterior formación en Europa y EE UU, daría respuesta a la necesidad de conservar un sentimiento nacionalista a través de la investigación y ejecución de las distintas expresiones dancísticas de nuestro país, mismas que evidentemente, fueron parte esencial del propósito pedagógico con el que se crearon las Escuelas del Ballet Folklórico de México, en 1968 y de Ballet Clásico, dos años más tarde, cuya dirección estuvo a cargo de Nellie Hapee.

Llevarlo a cabo no fue tarea sencilla. Fue al inicio de los años sesenta que el Palacio de Bellas Artes dio cabida a un pequeño grupo de niños y jóvenes, quienes recibían lecciones de danza con la finalidad de posteriormente ser parte de las filas del Ballet Folklórico de México, es decir, el semillero de futuros bailarines que luego enriquecerían la expresión del folklore nacional.

Con la creación de la Escuela del Ballet Folklórico de México, la formación inicial incluía además de danza folklórica, danza contemporánea y ballet; al mismo tiempo impartía cursos, talleres y diplomados de danza tradicional dirigidos a personas de distintas edades.

Clementina Otero fue entonces elegida por invitación para dirigir la escuela.
Este ambicioso proyecto educativo, requería un inmueble igualmente majestuoso. El Arq. Agustín Hernández, hermano de Amalia, trazó y dirigió la construcción de este recinto que desde entonces se presumía vanguardista en su diseño, pues retoma elementos arquitectónicos inspirados en el México Prehispánico. “Amalia era una mujer con una conciencia espacial increíble; toda su coreografía era espacio y movimiento, y en ello me inspiré para hacer la escuela.”

Amalia Hernández en su deseo de expandir la cultura y hacerla accesible a todos, ideó un proyecto cuya finalidad es difundir, apoyar y proporcionar un espacio donde distintos artistas de diferentes disciplinas pudieran fomentar y promover su arte.

Así nacieron los “Martes Culturales”. Nombre y día elegido para ello, un sueño retomado nuevamente a partir del 2017, en el que se vive y transmite el sentir que Amalia quiso compartir a puertas abiertas.

Si bien nunca impartió clases, Amalia fue una mujer visionaria con la conciencia clara acerca de cómo llegar a formar una compañía de trascendencia. Una compañía que tuviera bailarines en formación constante, dispuestos a incorporarse en el momento que se les requiriera. Esto solo podía ser posible a través de la creación de la Escuela del Ballet Folklórico de México.

Las Maestras Clementina Otero en la dirección y Nellie Hapee como asesora educativa, hasta 1996 y 2002 respectivamente, sentaron las bases técnicas y artísticas de la EBFM; continuándolas la Maestra Viviana Basanta quien le dio (a la escuela) estructura pedagógica invitando, además, a Maestros provenientes del extranjero proporcionando un complemento a la formación hasta el término de su gestión en el año 2000.

Le siguió el Maestro Francisco Bravo al frente de la Institución hasta el 2013. Su actual director, el Maestro Renato García ha incursionado en técnicas de entrenamiento corporal de vanguardia, así como tendencias coreográficas y escénicas multidisciplinarias a partir del 2013; todos ellos siempre comprometidos a continuar con el legado artístico y educativo que Amalia Hernández procuró hasta el día de su muerte en el año 2000.

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